Oficio Ciudadano

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     La resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en relación al recurso de inconstitucionalidad interpuesto en contra de las recientes modificaciones al Código Electoral del Estado de Colima, es un claro ejemplo de que solo por la vía de la legalidad podemos hacer valer nuestros derechos.

    Las resoluciones rara vez se dan por unanimidad. Es claro que en todos los órganos e instancias deliberativas hay visiones diferentes, pero para la mayoría de los magistrados fue contundente el argumento central del ponente pues el Congreso del Estado de Colima no cumplió con un aspecto esencial del proceso legislativo: el debate de las ideas, de las propuestas, el escuchar las contras de estas modificaciones, sobre todo de la minoría legislativa que no es invisible y que conoce muy bien sus derechos de representar a un amplio sector de la población que votó por ellos y su valía por igual con el resto de legisladores de una mayoría, que no se esfuerza por analizar los impactos de sus decisiones.

    Claro que también cuenta la habilidad de los profesionales del Derecho. Si no se conocen y dominan los caminos tortuosos muchas veces del litigio, puede suceder que aún siendo procedente el recurso interpuesto, no logre articularse debidamente la justificación del mismo, o bien puede suceder que el juzgador, en una posición cómoda, busque la salida del conflicto por la tangente, con el fin de evitar un golpeteo político que considera innecesario.

    Pero en el caso que nos ocupa, afortunadamente, no se dieron estos últimos supuestos. Los diputados de Acción Nacional y de la Revolución Democrática, además de sus correspondientes partidos políticos en Colima, pueden sentirse sumamente satisfechos del avance logrado y de que con su acción conjunta, bien fundada y motivada, dieron lugar a una resolución que en Colima sentará un precedente para que las mayorías legislativas eviten, en lo futuro, caer en la tan insana práctica del mayoriteo.

    A nadie le gusta perder. A los priístas menos que a nadie, pues están acostumbrados a hacer su soberana voluntad al amparo del gobierno del estado en turno; sin embargo, es necesario que reflexionen y se serenen para evitar  defender lo indefendible ante la contundencia del máximo tribunal de justicia en nuestro país.

    Al descalificar a las instituciones solo se descalifican a sí mismos y exhiben la vulnerabilidad de su estructura y de su mentalidad. La sociedad ya evolucionó. La ciudadanía de nuestro estado está cada vez más preparada y más inmersa en la cosa pública, ha aprendido a leer entre líneas y a escuchar a cada comentarista, dando a cada quien el lugar que les corresponde.

    Lo más importante es que ganamos todos con la certidumbre jurídica y que el próximo proceso electoral iniciará bien, sin inequidades y sin el abuso de una mayoría que ya está sintiendo como nunca antes, que va a perder la confianza de una gran parte del electorado colimense.