Oficio Ciudadano

22 noviembre, 2008

 La resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en relación al recurso de inconstitucionalidad interpuesto en contra de las recientes modificaciones al Código Electoral del Estado de Colima, es un claro ejemplo de que solo por la vía de la legalidad podemos hacer valer nuestros derechos.

Las resoluciones rara vez se dan por unanimidad. Es claro que en todos los órganos e instancias deliberativas hay visiones diferentes, pero para la mayoría de los magistrados fue contundente el argumento central del ponente pues el Congreso del Estado de Colima no cumplió con un aspecto esencial del proceso legislativo: el debate de las ideas, de las propuestas, el escuchar las contras de estas modificaciones, sobre todo de la minoría legislativa que no es invisible y que conoce muy bien sus derechos de representar a un amplio sector de la población que votó por ellos y su valía por igual con el resto de legisladores de una mayoría, que no se esfuerza por analizar los impactos de sus decisiones.

Claro que también cuenta la habilidad de los profesionales del Derecho. Si no se conocen y dominan los caminos tortuosos muchas veces del litigio, puede suceder que aún siendo procedente el recurso interpuesto, no logre articularse debidamente la justificación del mismo, o bien puede suceder que el juzgador, en una posición cómoda, busque la salida del conflicto por la tangente, con el fin de evitar un golpeteo político que considera innecesario.

Pero en el caso que nos ocupa, afortunadamente, no se dieron estos últimos supuestos. Los diputados de Acción Nacional y de la Revolución Democrática, además de sus correspondientes partidos políticos en Colima, pueden sentirse sumamente satisfechos del avance logrado y de que con su acción conjunta, bien fundada y motivada, dieron lugar a una resolución que en Colima sentará un precedente para que las mayorías legislativas eviten, en lo futuro, caer en la tan insana práctica del mayoriteo.

A nadie le gusta perder. A los priístas menos que a nadie, pues están acostumbrados a hacer su soberana voluntad al amparo del gobierno del estado en turno; sin embargo, es necesario que reflexionen y se serenen para evitar  defender lo indefendible ante la contundencia del máximo tribunal de justicia en nuestro país.

Al descalificar a las instituciones solo se descalifican a sí mismos y exhiben la vulnerabilidad de su estructura y de su mentalidad. La sociedad ya evolucionó. La ciudadanía de nuestro estado está cada vez más preparada y más inmersa en la cosa pública, ha aprendido a leer entre líneas y a escuchar a cada comentarista, dando a cada quien el lugar que les corresponde.

Lo más importante es que ganamos todos con la certidumbre jurídica y que el próximo proceso electoral iniciará bien, sin inequidades y sin el abuso de una mayoría que ya está sintiendo como nunca antes, que va a perder la confianza de una gran parte del electorado colimense.

Oficio Ciudadano

14 noviembre, 2008

En las familias, en los trabajos, en las escuelas, en los grupos sociales y políticos donde desarrollamos día a día nuestras actividades, nos enfrentamos con frecuencia a actitudes y comportamientos que denotan claramente las flaquezas humanas; también – por que no decirlo – algunas veces respondemos a esas actitudes con otras iguales o peores que solo desencadenan situaciones tensas, crispadas, agresivas y de rompimiento en las relaciones humanas.

En este contexto, la exhortación hecha a los panistas por el propio Presidente de la República el pasado domingo, debe verse y tomarse en toda su circunstancia: la muerte trágica de varios funcionarios de su gabinete, – especialmente la del Secretario de Gobernación – los resultados de los últimos procesos electorales locales, en los que nuestro instituto político no ha resultado tan favorecido del voto ciudadano y desde luego, el conocimiento y vivencias que el Presidente Calderón tiene de las raíces doctrinales del PAN.

Así, para quienes conocemos la historia fundacional del partido y hemos buscado entender en la realidad cotidiana la aplicación de los principios doctrinales que le dieron la estructura vertebral al partido, el llamado presidencial lo atendemos y entendemos como una expresión genuina de su preocupación porque los panistas no olvidemos nuestras raíces, los ideales de los fundadores, el eminente respeto que pregonamos a la dignidad humana de todos los seres humanos y que, aún cuando estemos inmersos en la lucha política, no sucumbamos a esas debilidades muy humanas y hasta disculpadas en la praxis política; es decir, que con nuestras acciones y actitudes no contribuyamos al desfiguramiento del Partido Acción Nacional.

El llamado a la reflexión es oportuno y necesario para todo el panismo nacional, especialmente para los dirigentes, funcionarios, consejeros y aspirantes a los diversos cargos de elección popular del próximo año, en que se renovará la Cámara de Diputados, seis Gubernaturas y un número importante de Ayuntamientos y Congresos Locales. Los panistas debemos hacer nuestro este llamado del líder moral, para privilegiar la unidad, el respeto, la armonía y el deber institucional que son valores y principios contrarios a las flaquezas humanas como son la envidia y la mezquindad.

Bienvenida esta exhortación pues necesitamos orientar mejor nuestro trabajo. Los retos que le esperan al partido son torales en su futuro inmediato y por ello no sobra ninguna reflexión ni siquiera alguna reconvención para que entendamos, que solo con alteza de miras y generosidad panista, podremos ofertar a la sociedad mexicana los mejores candidatos y candidatas que, consecuentemente, hagan buenos gobiernos y representaciones ciudadanas, con la fortaleza y el acompañamientos necesarios para enfrentar con éxito la maledicencia, la envidia y la mezquindad de quienes quieran seguirse regodeando en su egocentrismo.

Oficio Ciudadano

31 octubre, 2008

Pero además, el Presidente Calderón ha logrado en estos primeros dos años de su gobierno, dos acuerdos nacionales: El Acuerdo Nacional por la Calidad Educativa y el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Legalidad y la Justicia. El primero para mejorar el sistema educativo que, como todos sabemos, tiene serias deficiencias, y el segundo, para involucrar a todos,– gobiernos locales, poderes de la Unión y sociedad organizada-en la cruzada nacional contra el crimen organizado.

Este avance en la reforma del marco jurídico mexicano, no solo significa el buscar resolver los problemas desde su estructura, sino que además deja muy en claro una nueva relación – de éxito – entre el poder ejecutivo y el legislativo, que abona a las buenas prácticas de la política de acuerdos y consensos, privilegiando el interés nacional.

Ciertamente, quedan pendientes en el tintero. Tan solo para cumplir con el segundo de los acuerdos mencionados, el poder legislativo tendrá que estar dictaminando antes de diciembre, las iniciativas presidenciales en esa materia, como la que se refiere a las bases de coordinación de todas las policías, para contar con mayores herramientas en el combate a la delincuencia organizada. También representa una asignatura pendiente la denominada reforma laboral, en la que la participación de la parte patronal y de los trabajadores, será de especial importancia, en esta nueva reforma estructural.

Con estos resultados, la evaluación es buena en lo técnico y en lo político. Con este avance, es de ponderar también – hay que decirlo -  el desempeño del Partido Acción Nacional, pues el partido político del presidente ha sido factor importante para el logro de los objetivos, no solo a través de su dirigencia nacional sino también de los legisladores federales emanados de ese instituto político.

Hago hincapié en lo anterior, porque el PAN no solo debe ser eje de referencia de analistas y politólogos cuando de materia electoral se trata, especialmente cuando los resultados de los procesos locales no le favorecen. Desde mi punto de vista, considero que debe reconocerse y hablar  también de los buenos resultados de este partido en su gobierno, cuyo candidato ganó precisamente para hacer realidad su plataforma política y aterrizar, en la vida cotidiana y real, los Principios de Doctrina que han animado a este instituto político en la “brega de eternidad” de estos 69 años de existencia.

El Presidente de la República está haciendo lo suyo, lo que le corresponde. El Poder Legislativo está adquiriendo y consolidando una nueva imagen de seriedad y responsabilidad compartida, haciendo sus funciones de contrapeso pero también coincidiendo en el impulso a las reformas constitucionales y legales que demanda el México del Siglo XXI.

Y por el lado de la sociedad, se observa mayor participación organizada, propositiva, exigente y en la mayoría de las veces, con razonamientos fundados. Estamos cambiando y para bien. La nueva relación de gobierno y gobernados deberá dar mejores frutos para las nuevas generaciones, sobre todo cuando permee lo suficiente en los estados y municipios. Por lo pronto, en el PAN “seguimos continuando”, como decían nuestros fundadores.

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